Desde la fundación misma de la humanidad, y por consiguiente de la sociología como una ciencia establecida, ésta última, ha intentado ocuparse de los fenómenos que afectan o determinan el proceder de los grupos sociales.
El individuo como parte divisible de los grupos, es un partícula indispensable en el entramado social, interconectado con el resto de sus congéneres a través de relaciones personales, historias, vivencias, experiencias, desastres naturales y sobre todo, desde que la racionalidad y los procesos cognoscitivos superiores derritieron el salvajismo, pasando por distintas etapas de cambio, hasta encontrarse de manera sorpresiva con el lenguaje, del proceso interpretativo de los signos, el lenguaje social en sí mismo.
El fenómeno del lenguaje como tal (no confundamos éste con el de comunicar), establece entre los individuos la ruptura y separación del instinto, del proceder y actuar como meros sujetos de los deseos primarios (satisfacción de hambre, sed, sexualidad y sueño), pasando a interpretar la realidad desde otra mirada, o mejor dicho poder interpretar y dar a entender a los demás los distintos tipos de realidad que acontecen o pueden llegar a acontecer en el proceso de la existencia.
Construcción de realidad(es), definición de conceptos, el tiempo, divinidades, la muerte, etc., pasando por todo un devenir socio-histórico para de esta manera, trascender del hommo ludens a homo sapiens, el cual pasa de la pasión meramente instintiva a construirse a través de simbolismos llenos de significados y significantes. Lo que hace único al hommo sapiens es su capacidad simbólica; como lo menciona Sartori (1997) acerca de la manera en que define Cassirer al “animal-simbólico”:
“El hombre no vive en un universo puramente físico, sino en un universo simbólico. Lengua, mito, arte y religión... son los diversos hilos que componen el tejido simbólico. Cualquier progreso humano en el campo del pensamiento y de la experiencia refuerza el tejido. Ya que al lado del lenguaje conceptual hay un lenguaje del sentimiento, al lado del lenguaje lógico o científico está el lenguaje de la imaginación poética. Al principio el lenguaje no expresaba pensamientos o ideas, sino sentimientos y afectos”. (Sartori, 1997:29).
Partiendo de esta brevísima introducción, hago referencia al fenómeno denominado lenguaje (social), justificando el abordaje de éste como objeto de estudio de la sociología en nuestra realidad actual.
El lenguaje se justifica a sí mismo como objeto de estudio, no solamente de la sociología sino también como materia prima de análisis de la historia, la lingüística, filología, comunicación, etc., desde el punto de vista epistemológico, es interesante que una ciencia social tan abundante de abordajes como la sociología se interese en analizar el lenguaje como construcción primaria de la sociedad, moldeando a ésta en diferentes etapas, o también como distintivo de diferentes grupos étnicos, sociales, políticos o de las clases sociales de las cuales trataba C. Marx en sus obras principales.
Sociolingüística, etnolingüística, la sociología del lenguaje, han dando puntos adecuados de justificación para afrontar el fenómeno por antonomasia del hommo sapiens, dejando en el proceso del pensamiento racional al hommo loqueas (aquel que continuamente está o estaba hablando consigo mismo).
La conexión existente del lenguaje social y el individuo contemporáneo es tan importante y está lleno de intrincados caminos de análisis; se puede justificar lo antes dicho con la opinión de J. B. Watson nos dice "gracias al lenguaje, llevamos el mundo en nuestra mente porque las palabras son sustitutos verbales de los objetos"; por tanto es un hecho inminentemente social y susceptible de ser estudiado; aunque de sumo interés tomar en cuenta que la gran controversia en torno al lenguaje surge respeto a su función y efecto sobre la sociedad y sobre el hombre mismo, y por consecuencia en la sociedad y sus manifestaciones variadas.
Concluyo que, el lenguaje (social) es necesario estudiarlo particularmente por tres razones:
1. Como un fin en sí mismo, como una institución social, como una parte de la cultura y de la vida cotidiana.
2. Como medio para comprender mejor las fuentes orales y escritas a través del conocimiento de sus convenciones lingüísticas.
3. Delimitar el significado que esta dado por el uso, es decir que tienen sentido en la actividad en la que se le da uso y con respecto a quién(es) son su(s) interlocutor(es).
La aplicación y estudio de la historia del lenguaje social llenaría la brecha existente entre la lingüística, la sociología y la historia, determinando tanto el porqué es interesante estudiar este fenómeno hasta el cómo es que el lenguaje social ha llegado a ser lo que es y de qué forma moldea las interacciones sociales (Valencia, 2009).
Referencias
Bautista, J., (1935) El lenguaje como proceso comunicativo. Consultado en línea el 13 de agosto del 2011 en: http://www.ecured.cu/index.php/Lenguaje
Sartori, G., (1997). Hommo Videns. La sociedad teledirigida. Edit. Punto de Cultura. México.
Valencia, Guadalupe. El oficio del Sociólogo: La imaginación sociológica, Pluralismo Epistemológico, CLACSO-CIDES-UMSA, Muela del Diablo 2009, p. 200
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